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Adversidad e Impaciencia


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No todos los días te levantas con el espíritu alegre y despreocupado;
algunas veces ya desde la mañanita te persigue el recuerdo de una adversidad
que estás enfrentando hace tiempo.

Hace 300 años un prisionero grabó en la pared de su prisión, esta frase
con la que pretendía conservar en alto su estado de ánimo:

"No es la adversidad la que mata,
sino la impaciencia con que soportamos la adversidad,"

Es verdad.
Impacientándote en las adversidades nada arreglarás;
más bien lo echarás todo a perder o agravarás la situación;
 no es, pues, un remedio la impaciencia o la ira.

Si a este consejo de orden meramente natural y psicológico
 sabes añadir otro de orden superior, de orden sobrenatural,
 como es el reconocer que Dios te ha permitido esa adversidad
para que seas capaz de mostrar tu valer, tu fidelidad, tu capacidad de amar,
entonces la adversidad será llevada por ti
no sólo con paciencia y resignación,
sino aun con cierta alegría por saberte fiel.

"La Iglesia está fortalecida con la virtud del Señor Resucitado,
para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades,
tanto internas como externas
y revelar al mundo fielmente su misterio,
aunque sea entre penumbras,
hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos"

(LG, 8). "

Ciencia y fé

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Pasó ya el tiempo en que se pensaba y afirmaba
que entre ciencia y fe
había una oposición irreconciliable;
hoy se sabe que cada una tiene sus propios campos, sus cánones y sus categorías.

Pero la ciencia nos enseña cómo es el cielo
y la fe nos dice cómo se va al cielo.

La ciencia sirve al hombre de fe para reconocer la realidad temporal;
 la fe sirve al hombre de ciencia para iluminar esa realidad temporal,
 orientándola hacia lo eterno.

Debemos esforzarnos para
 desde el interior de la ciencia, rescatar la verdad de la fe
y desde el alma de la fe,
enriquecer las perspectivas de la ciencia.

El hombre de poca ciencia encuentra dificultades para llegar a la fe;
el hombre de mucha ciencia tiene despejado el camino para llegar a la fe.

 El hombre de poca fe no se sentirá satisfecho con la ciencia;
 el hombre de mucha fe nunca tendrá miedo de la mucha ciencia.

"Si das acogida a mis palabras y guardas en tu memoria mis mandatos, prestando tu oído a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia... 
entonces entenderás el temor de Yahvé
 y la ciencia de Dios encontrarás. 
Porque Yahvé es el que da la sabiduría, 
de su boca nacen la ciencia y la prudencia
 (Prov. 2, 1-6).

La verdadera sabiduría está en saber encontrar a Dios,
en descubrirlo en todas las cosas y acontecimientos."


Extraído del Libro: "Los cinco Minutos de Dios" de Alfonso Milagro

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El perfeccionismo



Ser perfeccionista, ¿es una virtud o un defecto?
Querer que todo salga a la última perfección, ¿está bien o está mal?

Es innato en el ser humano el deseo de evolucionar,
de ser cada vez mejor, personal y colectivamente, familiar y socialmente

Cuando su hijito le presenta el cuaderno de deberes,
usted le alaba lo bien realizado,
pero le estimula a perfeccionarse, a hacerlo cada vez mejor.

Cuando usted se afeita o peina su cabellera,
desea que le quede una perfecta afeitada o un peinado impecable
y así en todas las cosas y en todos los niveles,
¿por qué solamente en nuestra parte espiritual quedaremos sin el debido desarrollo?

La meta de todo ser viviente es lograr la perfección completa de su vida en todos sus órdenes.

Si somos humanos, no nos contentemos con serlo;
aspiremos a ser hijos de Dios por la gracia santificante.

Eso será llegar a la meta que nos hemos propuesto
y sobre todo, que nos ha señalado el mismo Padre celestial.

“Vosotros sed perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial”
(Mt, 5,48)

El divino Maestro y Modelo de toda perfección,
el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos,
cualquiera fuese su condición,
la santidad de vida, de la que El es iniciador y consumador"

(LG, 40)

Extraído del Libro:
"Los cinco Minutos de Dios"
 Alfonso Milagro

La delicadeza en el trato con los demás

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Alguien expresó varios pensamientos que no requieren comentario:

"Cuando otro actúa en cierta forma, es perverso. Cuando tú lo haces, son nervios.
Cuando es inflexible en su actitud, es obstinado; cuando tú lo eres, es solamente firmeza.
Cuando le disgustan tus amigos, tiene algún prejuicio; cuando a ti te disgustan los suyos, simplemente tienes un buen criterio sobre la naturaleza humana.

Cuando trata de ser complaciente, es adulador; cuando tú lo haces, estás demostrando tacto.
Cuando tarda en hacer las cosas, es terriblemente lento; cuando tú tardas años, eres cauto.
Cuando encuentra defectos, está chiflado; cuando tú lo haces, muestras discernimiento."

Indudablemente que todo esto es para pensarlo con detención y con sinceridad consigo mismo.

"Porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, 
y con la medida con que midáis se os medirá a vosotros"
 (Mt, 7, 2).

 La delicadeza en el trato con los demás es una virtud no tan conocida; sin embargo, es muy beneficiosa para las mutuas relaciones.

Extraído del Libro: "Los cinco Minutos de Dios"
 de Alfonso Milagro


El ahora y el después

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La vida se desarrolla en una continua tensión entre el "ahora" y el"después".
Hay entre ambos una relación de dependencia muy íntima; el después depende del ahora. A un ahora lento, inactivo, cerrado, sin luz, habrá de corresponder necesariamente un después de tinieblas, de desilusión, de fracasos, de ostracismo.

En cambio, al ahora entregado, al ahora sacrificado en aras de los demás y de la propia perfección, sucederá infaliblemente el después gozoso, satisfecho, feliz y pleno.

En resumidas cuentas, el después no se construye, sino con los ahoras de cada momento y será imposible pretender un futuro después feliz y satisfecho, si los ahoras de cada momento no se realizan con toda plenitud de vida, con todo entusiasmo de acción, con toda la entrega de un amor verdadero y pleno.

Mañana será el proyecto de pasado mañana y así sucesivamente.

"Ten piedad de nosotros, Dios, dueño de todas las cosas;
mira y siembra tu temor sobre todas las naciones.

Da su recompensa a los que te aguardan.
Escucha la súplica de los que te imploran
y todos los de la tierra reconozcan que Tú eres el Señor, el Dios, eterno"
(Ecli, 36, 1-17).

Pero Dios tiene determinado hacer todo eso por ti; tu serás su instrumento consciente y libre  y por eso, meritorio.

Extraído del Libro: "Los cinco Minutos de Dios"
Meditaciones para cada día del año
Editorial Claretiana

Aburrimiento

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Cuando vas por la calle te topas con infinidad de gentes de toda clase y condición que revelan en su rostro distintas disposiciones anímicas.

Van unos con rostro sonriente, lleno de felicidad; les ha salido bien un negocio, han tenido suerte en una empresa, recibieron una grata noticia, se encontraron con alguien a quien aprecian

Otros denotan preocupación: tienen problemas familiares que los acosan, situaciones económicas oprimentes, disgustos con los amigos, inseguridad en su trabajo.

Otros pareciera que van mirando hacia adelante y hacia las alturas: tienen proyectos, ideas, planes que desean realizar; y eso les da fuerza y optimismo.

Solamente es digno de compasión aquel que "se aburre", que no hace nada ni tiene planes de hacer algo; aquel que no tiene vitalidad, que no halla objetivo a su existir, para el que la vida carece de sal. Eso es triste. Mírate al espejo y dime cómo te ves.

"En la Iglesia por la fe somos instruidas también acerca del sentido de nuestra vida temporal, mientras que con la esperanza de los bienes futuros llevamos a cabo la obra que el Padre nos encomendó en el mundo y labramos nuestra salvación
(LG, 48).


Extraído del Libro: "Los cinco Minutos de Dios" de Alfonso Milagro

La impaciencia



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No todos los días te levantas con el espíritu alegre y despreocupado;
algunas veces ya desde la mañanita
te persigue el recuerdo de una adversidad que estás enfrentando hace tiempo.

Hace 300 años un prisionero grabó en la pared de su prisión esta frase,
 con la que pretendía conservar en alto su estado de ánimo:
 "No es la adversidad la que mata, 
sino la impaciencia con que soportamos la adversidad,"

 Es verdad; impacientándote en las adversidades nada arreglarás;
más bien lo echarás todo a perder o agravarás la situación;
 no es, pues, un remedio la impaciencia o la ira.

Si a este consejo de orden meramente natural y psicológico
 sabes añadir otro de orden superior, de orden sobrenatural,
como es el reconocer que Dios te ha permitido esa adversidad
 para que seas capaz de mostrar tu valer, tu fidelidad, tu capacidad de amar,
entonces la adversidad será llevada por ti no sólo con paciencia y resignación,
sino aun con cierta alegría por saberte fiel.

"La Iglesia está fortalecida con la virtud del Señor Resucitado, 
para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, 
tanto internas como externas y revelar al mundo fielmente su misterio,
 aunque sea entre penumbras, 
hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos"
(LG, 8). "



Extraído del Libro: "Los cinco Minutos de Dios" de Alfonso Milagro
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